lunes, 25 de junio de 2012

"os invito a que viváis vuestra vida y vuestro trabajo como una vocación"

El Padre Pedro Aguado Sch. P.  ha dirigido una carta  A LOS EDUCADORES Y EDUCADORAS DE NUESTRA OBRAS A TODOS/AS LOS QUE HACÉIS POSIBLE LA MISIÓN ESCOLAPIA “el auténtico educador ofrece toda su alma, para así poder inspirar en el discípulo una nueva vida”

Muy estimados/as:

Recibid un afectuoso saludo y mis mejores deseos para vosotros/as y vuestras familias. Os escribo esta carta en el contexto del AÑO VOCACIONAL ESCOLAPIO, convocado en toda la Orden bajo el lema y compromiso de “Escolapios… multiplicando Vida”. Estando ya viviendo en profundidad todos los
dinamismos de este Año Vocacional, he querido dirigirme a todos vosotros/as, los educadores y educadoras de nuestras Obras, y compartir abiertamente mis reflexiones con quienes estáis en contacto directo con todos nuestros niños y jóvenes, haciendo posible con vuestra dedicación y entrega la Misión que a todos nos une y que les ofrecemos a ellos como propuesta de vida y plenitud.

Son varias las cosas que os quiero decir. Las iré enumerando, para no olvidarme de ninguna.

1) La primera es muy sencilla: ¡GRACIAS! Creo que este Año Vocacional es una buena oportunidad para expresaros el agradecimiento de la Orden por vuestra vida y por vuestro trabajo. Uno de los objetivos fundamentales de este año es que en todas nuestras obras, todos seamos más conscientes de dos cosas
fundamentales: nuestros muchachos atesoran en su interior una extraordinaria riqueza vital y vocacional que debe ser acompañada y ayudada a crecer, y todos ellos necesitan del testimonio educativo y personal de sus educadores, y también de los educadores escolapios. La misión que encarnáis es extraordinaria: estáis presentes en la vida de los niños y jóvenes que crecen entre nosotros para ayudarles a vivir desde lo mejor de sí mismos, para ofrecerles lo mejor de lo vuestro, y para acompañar sus búsquedas y ayudarles a dar sus respuestas más de fondo. Todos los educadores, cada uno desde su propia misión, contribuís a esta maravillosa tarea. Por eso, una vez más, y en nombre de la Orden, gracias por estar ahí, gracias por dedicar vuestro tiempo, gracias por tratar de hacer las cosas del mejor modo posible, gracias por amar a vuestros alumnos y alumnas, gracias por exigirles y acogerles, gracias, en definitiva, por ser educadores escolapios.

2) En pleno Año Vocacional, permitidme que yo también esté cerca de vosotros y os acompañe un poco.
Todos lo necesitamos. Así como vosotros hacéis propuestas a vuestros muchachos/as, también yo quiero haceros una: os invito a que viváis vuestra vida y vuestro trabajo como una vocación. Este es mi deseo en este Año Vocacional. Cada uno vivimos nuestro quehacer diario desde las claves que nos son propias, pero todos podemos pensarlas, reconsiderarlas, enriquecerlas. Os invito a crecer en dinámica vocacional también a vosotros. Esto significa que también la Orden invita a sus educadores a vivir su trabajo y su quehacer como una oportunidad de responder a lo que Dios espera de cada uno. “Tener la vocación de educador escolapio” significa muchas cosas, todas ellas formidables. Cito algunas, por si os ayudan:
a) Entender la propia vida como respuesta a una llamada. Entre vosotros hay experiencias muy diversas, desde el que elige de modo absolutamente vocacional el ser educador escolapio hasta el que piensa que su vida como educador es el resultado del envío de un currículum a varios colegios y de que desde uno
de ellos le respondieron y aceptaron. Puede que fuera así, pero estoy seguro de que después han pasado muchas cosas en tu vida y que has podido ir tejiendo el hilo de tu proceso y vas descubriendo aspectos nuevos, que te ayudan a encontrar el centro y el eje desde el que vives. Yo te invito a profundizar en tu vida y a encontrar en ella las razones y las explicaciones de fondo de lo que vives y de lo te sientes llamado a vivir. De alguna manera, te estoy pidiendo que pases por tus búsquedas de fe tu vida profesional y vocacional, y que le des una oportunidad nueva a todo lo que haces.
b) Abrirme a descubrir las claves vocacionales de la Misión Escolapia y a trabajarlas y reflexionarlas como una oportunidad de crecimiento. En todas nuestras obras van surgiendo propuestas e iniciativas de Misión Compartida y de vivencia más profunda del carisma de Calasanz; son, sin duda, oportunidades
que podemos y debemos aprovechar.
c) Crecer en la convicción y vida de que el centro de lo que hago son ellos y ellas, los alumnos de mi aula, los muchachos de mis grupos, los jóvenes del equipo de trabajo o del campamento de verano o del taller en el que se están formando. Ellos son el centro, y necesitan que yo lo entienda para poder estar
cerca, exigirles cuando sea conveniente, animarles cuando lo necesiten, escucharles siempre, hacerles preguntas, contribuir a que puedan hacer crecer lo que tienen en su interior y lo enriquezcan con el saber y con el testimonio de quienes están con ellos. Esto, y no otra cosa, es educar.
d) Estar convencido de que también tú, que eres educador/a escolapio/a, tienes cosas en las que crecer y preguntas a las que responder. Nunca está todo definido, siempre podemos dar pasos nuevos. En estos años en los que voy visitando la Orden me encuentro con muchos educadores y, cuando tengo algo de
tiempo, puedo hablar con ellos y escuchar lo que plantean y viven. Y os aseguro que los educadores escolapios tienen preguntas de crecimiento, compromiso con la Orden, capacidad de escucha y acogida, deseos de vivir también ellos en fidelidad al don recibido. En todo este proceso encontrarás siempre la
escucha y acogida de los escolapios que conoces.

3) Sois educadores escolapios. Trabajáis en un colegio escolapio, formando parte del profesorado, en sus muchas funciones; manteniendo la calidad educativa, acompañando como tutores, animando el crecimiento cultural de nuestros alumnos/as, … o como monitores apoyando en diferentes edades el proceso de crecimiento en la fe y en el desarrollo vital de tantos chavales, o sois catequistas en un parroquia escolapia, o lleváis un taller en un centro de Educación No Formal de la Orden, o hacéis posible que un grupo de niños
tengan un Hogar en el que poder crecer. Os invito, por lo tanto, a conocer y profundizar en las claves que preocupan e interesan a la Orden de las Escuelas Pías. En concreto, en este Año Vocacional, os invito a conocer qué es lo que buscamos y qué es lo que estamos impulsando en el conjunto del mundo escolapio.
Conociéndolo podréis también asumirlo y encarnarlo. Os lo sintetizo en pocas ideas:
a) Buscamos que en todas nuestras obras las cosas funcionen de tal manera que todos los que forman parte
de ella se pregunten por su vocación y su papel en la vida, como impulsores y protagonistas de una sociedad más justa y feliz. Y especialmente, no podría ser de otra manera, que se pregunten por su vocación cristiana y encuentren la manera de poder responder con sinceridad y generosidad. A esta dinámica la llamamos “cultura vocacional”. Esto significa que deseamos crear un conjunto coherente y compartido de maneras de pensar, sentir, actuar y celebrar que creen el ambiente necesario para que las personas descubran su vocación cristiana. Creemos que las obras escolapias deben crecer en esta capacidad de
acompañar.
b) En este contexto, también trabajamos para que podamos, entre todos, sembrar, acompañar y acoger la posible vocación religiosa y sacerdotal que Dios siembre en aquellos muchachos que se sientan llamados a ello. Deseamos que los espacios escolapios sean lugares de profundo respeto a los jóvenes, y creemos
que forma parte de ese respeto ayudarles a plantearse preguntas y a dar respuestas con libertad y claridad.
La convicción que nos anima es que los niños y jóvenes siguen necesitando sacerdotes escolapios que estén presentes en su vida y en su proceso. Me atrevo a decir que los educadores y las familias también los necesitáis.
c) Por eso, este Año Vocacional busca impulsar toda esta dinámica, convencidos de que es bueno para los niños, bueno para los jóvenes, y bueno para todos los que compartís nuestra Misión y nuestro Carisma.
Desde esta dinámica podemos “multiplicar vida”.

4) Termino, que tampoco os quiero cansar. Quiero haceros una invitación final: creed en vuestros alumnos, en vuestros jóvenes, en aquellos que Dios ha puesto en vuestro camino para que seáis sus educadores. Son capaces de dar mucho si son educados al estilo escolapio. El carisma escolapio parte de la confianza en los jóvenes. Nuestro carisma anuncia que si al niño y al joven, desde pequeño, se le acompaña para ayudarle a descubrir a Jesús y a que pueda crecer integralmente, desde una educación evangelizadora, ese joven se convertirá en una persona plenamente feliz, capaz de seguir al Señor y de
cambiar el mundo. El nuestro es un carisma dotado de una confianza incondicional en el joven abierto al Evangelio. Esta es la profunda inspiración de Calasanz, cuando afirma que “de la buena educación de los muchachos depende el buen o mal vivir del hombre futuro” (Memorial al Cardenal Tonti). Creer en los jóvenes significa ayudarles a crecer desde los valores que pueden transformar su vida y la sociedad en la que están
llamados a crecer y pedirles que se planteen la vida con valentía, audacia y confianza. Y eso sólo lo pueden hacer educadores que testimonian esos valores y que están convencidos de que los muchachos pueden responder con generosidad y ser felices desde la búsqueda de la auténtica plenitud. Esta carta os llegará a todos el día en el que recordamos a un religioso escolapio, el Beato Faustino Míguez, fundador de las Religiosas Calasancias, fiel seguidor de Calasanz, que impulsó decididamente la educación escolapia llegando a fundar una Congregación Religiosa. No me resisto a terminar sin citarle en una de sus afirmaciones más significativas en relación con nuestro ser educador: “el auténtico educador ofrece toda su alma, para así poder inspirar en el discípulo una nueva vida”.

Queridos amigos y amigas, reitero mi agradecimiento. Os deseo toda paz y la bendición de Dios.
Un abrazo
fraterno desde San Pantaleo, la casa en la que hace exactamente 400 años San José de Calasanz dio comienzo a la Orden de las Escuelas Pías.

Pedro Aguado Sch. P.
Padre General
supgen@scolopi.org

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